La violencia contra la mujer en la Amazonía vuelve a mostrar su rostro más brutal. Mientras el Estado celebra con ceremonias, discursos y presupuestos los días internacionales dedicados a la igualdad de género, la realidad demuestra que estos gestos no pasan de ser un ritual vacío para miles de mujeres indígenas.
Según la denuncia del portal Lima Gris, En la comunidad nativa Los Jardines, ubicada en el Datém del Marañón, una mujer indígena embarazada de 37 años, Gisela Dávila Chino, fue enjaulada como castigo pese a tener más de cinco meses de gestación. La escena parece arrancada del pasado más oscuro, pero es una práctica repetida en esta comunidad quichua–achuar, donde el encierro forzado se ha normalizado ante la ausencia total del Estado.
El hecho revela una contradicción grotesca: mientras de esta zona salen recursos altamente valorizados, sus pobladores siguen viviendo sin agua potable, sin electricidad, sin salud, sin educación y sin presencia estatal que garantice lo mínimo: derechos humanos.
No es un caso aislado. Hace un año, Lima Gris registró un episodio idéntico: Mirtha Chávez Chino, prima de Gisela, permaneció encerrada durante 28 horas bajo el sol y la lluvia, frente a los ojos llorosos de sus cinco hijos, sin que ninguna institución —de las muchas creadas para proteger a mujeres y niños— interviniera.
Pese a la gravedad, las respuestas oficiales siguen siendo inexistentes. Las autoridades se escudan en la falta de presupuesto, y las empresas petroleras apelan a un discurso intercultural solo cuando conviene desmarcarse de cualquier responsabilidad.
Ante la denuncia, la congresista Karol Paredes Fonseca expresó su indignación y exigió acciones inmediatas. “No podemos aceptar castigos despiadados en nuestro territorio. El Estado debe estar presente. No esperemos a que ocurra una desgracia para reaccionar”, advirtió.
Mientras tanto, en Los Jardines, las jaulas siguen allí: de fierro, expuestas al sol, a la lluvia y a la indiferencia. Una muestra dolorosa de que, para algunas mujeres peruanas, los derechos humanos son todavía una promesa incumplida.
