A meses de la FIL Buenos Aires 2026, la representación peruana sigue en debate

A meses de que Perú sea País Invitado de Honor en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026, el Ministerio de Cultura aún no define la delegación de escritores que representará al país. Un informe de Lima Gris advierte que el proceso avanza sin transparencia y bajo presiones internas, reavivando el temor de que se repita la lógica de favoritismos que históricamente ha marcado la política cultural del Estado.

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En abril de 2026, Perú tendrá una vitrina cultural privilegiada: será País Invitado de Honor en la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), uno de los eventos editoriales más relevantes de América Latina, que se realizará en La Rural entre el 21 de abril y el 11 de mayo. La ocasión representa una oportunidad histórica para mostrar la diversidad literaria del país. Sin embargo, a varios meses del evento, el proceso de selección de escritores peruanos ya genera preocupación.

Hasta el momento, el Ministerio de Cultura, encabezado por el ministro Alfredo Luna, no ha hecho pública la lista oficial de autores que integrarán la delegación peruana. Según confirmó Lima Gris tras comunicarse con la organización de la FIL Buenos Aires, la entidad argentina no ha recibido aún ninguna nómina por parte del Estado peruano.

Un informe del portal Lima Gris advierte que, a meses de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026 —donde Perú será País Invitado de Honor—, el Ministerio de Cultura aún no define la lista de escritores que representarán al país. Lejos de tratarse de una demora administrativa menor, el silencio institucional vuelve a activar una preocupación recurrente en el sector cultural: la posibilidad de que la delegación sea definida sin criterios públicos, bajo presiones internas y prácticas que históricamente han favorecido a un reducido círculo de autores.

Ezequiel Martínez, director de la FILBA, confirmó que Perú es el país invitado de honor.

Fuentes internas del propio Ministerio señalan que la selección se estaría definiendo de manera reservada, sin convocatoria pública ni criterios transparentes, en un escenario donde vuelven a aparecer presiones editoriales y decisiones concentradas en un pequeño grupo de funcionarias con intereses específicos. El hermetismo ha reactivado un temor recurrente en el sector cultural: que la representación peruana vuelva a responder a lógicas de amiguismo y no a una política cultural inclusiva.

Una práctica que se repite

El cuestionamiento no apunta a nombres individuales, sino a un patrón histórico. En ferias internacionales anteriores, el Ministerio de Cultura ha privilegiado reiteradamente a escritores vinculados a grandes sellos transnacionales como Planeta o Penguin Random House, en su mayoría radicados en Lima y con amplio acceso a medios, redes de poder y circuitos culturales consolidados.

El resultado ha sido una representación sesgada: recursos públicos destinados a financiar viajes, viáticos y exposiciones para autores ya posicionados, mientras escritores de la costa, la sierra y la selva continúan marginados, sin traducciones, sin presencia internacional y sin respaldo institucional. La diversidad literaria del país queda, una vez más, fuera del escenario.

Este mecanismo ha sido denunciado y criticado en repetidas ocasiones. Pese a ello, todo indica que la historia podría repetirse en el contexto de la FIL Buenos Aires 2026.

El recuerdo de Guadalajara

El antecedente más cercano y emblemático es el de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2021. Bajo la gestión del entonces ministro Alejandro Neyra, el Ministerio de Cultura intentó enviar una delegación conformada mayoritariamente por escritores limeños, muchos de ellos con vínculos directos con funcionarios del sector cultural y con editoriales extranjeras.

La lista provocó una fuerte reacción de la prensa independiente y de colectivos de escritores regionales. El escándalo fue tal que, con el cambio de gobierno y la llegada de Ciro Gálvez al Ministerio de Cultura, la delegación fue desarticulada. Aquella decisión, que impidió que los mismos autores viajaran nuevamente con financiamiento estatal, fue interpretada como un gesto mínimo de justicia cultural y una ruptura —aunque excepcional— con la argolla.

Señales de alerta

Hoy, el escenario vuelve a mostrar similitudes inquietantes. Fuentes cercanas al sector cultural advierten que una viceministra y al menos dos funcionarias del Ministerio de Cultura estarían impulsando activamente la inclusión de un grupo reducido de escritores en la delegación peruana a la FIL Buenos Aires 2026. El lobby, señalan, ya está en marcha: sin anuncios oficiales, sin bases públicas y sin mecanismos de rendición de cuentas.

Cuando la cultura se gestiona de este modo, el problema no es solo administrativo. La falta de transparencia convierte la política cultural en un espacio propicio para el clientelismo, donde la literatura deja de ser un bien público y pasa a ser moneda de intercambio entre círculos cerrados.

¿Qué país se quiere mostrar?

Ser País Invitado de Honor implica una responsabilidad mayor. No se trata únicamente de ocupar un pabellón, sino de definir qué imagen del Perú se proyectará ante editores, lectores, traductores y agentes culturales de toda la región. La pregunta es inevitable: ¿un país reducido a unas cuantas voces centralistas o una nación diversa, con tradiciones narrativas andinas, amazónicas, afroperuanas y en lenguas originarias?

La delegación peruana debería reflejar esa pluralidad. Escritores de distintas regiones, con trayectorias sólidas y propuestas estéticas diversas, deben formar parte de la representación. No como gestos simbólicos, sino como una expresión real de la literatura que se produce en el país, incluyendo la literatura afroperuana.

Es razonable —y necesario— que se considere a los ganadores del Premio Nacional de Literatura 2025. Pero limitar la selección únicamente a quienes ya han sido reconocidos por el propio Estado sería un error. Existen autores valiosos que publican en editoriales independientes, especialmente en regiones históricamente postergadas, cuyos nombres no figuran en los registros oficiales porque simplemente no son visibles para los “técnicos” del Ministerio. Ignorarlos es ignorar una parte sustancial de la literatura peruana.

La decisión que marcará una gestión

En las próximas semanas, el Ministerio de Cultura deberá presentar oficialmente la lista de escritores que representarán al Perú en la FIL Buenos Aires 2026. Entonces, la pregunta dejará de ser teórica: ¿el ministro Alfredo Luna optará por romper con la argolla o confirmará que nada ha cambiado?

La respuesta se verá en los nombres incluidos, pero también en las ausencias. En las regiones representadas —o excluidas— y en el nivel de transparencia del proceso.

Perú no necesita otra delegación construida a puerta cerrada. No necesita seguir financiando la visibilidad de quienes ya la tienen asegurada. Necesita una política cultural que entienda la literatura como un derecho colectivo y no como un privilegio para unos pocos.

La Feria del Libro de Buenos Aires 2026 es una oportunidad histórica. Desperdiciarla repitiendo prácticas de favoritismo no sería solo una mala decisión política, sino una falta grave contra la cultura del país.

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