Cusco: vehículo cae a los andenes de Moray y daña una pieza lítica inca
Moray, uno de los complejos arqueológicos más emblemáticos del Cusco y considerado un laboratorio agrícola inca por la precisión de sus andenes y microclimas, fue escenario de un nuevo atentado involuntario contra el patrimonio. Un vehículo cayó por la pendiente del sitio arqueológico, dañando una pieza lítica que formaba parte de la estructura original del lugar.
El incidente ocurrió en el distrito de Maras, provincia de Urubamba. De acuerdo con la Policía Nacional del Perú, el conductor —identificado como Alberto del Castillo, de 21 años— había estacionado su automóvil en la entrada del atractivo turístico mientras descargaba productos para un restaurante cercano. Minutos después, ya dentro del establecimiento, fue alertado de que su vehículo se había deslizado y terminado precipitándose hacia los andenes.
Videos difundidos por visitantes muestran el auto descendiendo por una de las laderas hasta detenerse sobre el segundo nivel de andenes del sector conocido como Q’echumuyu, uno de los espacios más delicados del complejo. La caída fracturó una pieza lítica ubicada en la cabecera de un muro original.
El Ministerio de Cultura, a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura Cusco, confirmó los daños mediante un comunicado oficial. Tras activar el protocolo de emergencia, se dio aviso a la Policía para realizar la constatación y se dispuso la evaluación técnica y legal del caso para determinar responsabilidades y posibles sanciones.
La institución también anunció que coordinará con las entidades involucradas el refuerzo inmediato de las medidas de seguridad en la zona. El objetivo: evitar que hechos como este se repitan en uno de los centros arqueológicos más importantes para entender el desarrollo agrícola inca.
Aunque el accidente no dejó heridos, sí vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente: la vulnerabilidad del patrimonio frente a descuidos cotidianos, falta de vigilancia y la precariedad de la gestión turística en áreas históricas de alta afluencia. Moray, diseñado hace siglos para experimentar con la vida vegetal, hoy enfrenta riesgos que no provienen de la naturaleza, sino de la desidia humana.
