El arte tomó San Juan de Lurigancho en una jornada cultural abierta al barrio

San Juan de Lurigancho vivió una jornada poco habitual. Desde tempranas horas, la explanada conocida como “La Bombonera”, ubicada en el sector Las Terrazas, a la altura del paradero 5 de la avenida Canto Grande, se convirtió en un punto de encuentro donde el arte, la música y la identidad ocuparon el espacio público. Allí se desarrolló el Gran Festival Intercultural, un evento que congregó a cientos de familias y posicionó al distrito como un escenario cultural clave del este de Lima.

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Lejos de los espacios formales, el festival se instaló en pleno barrio, en un territorio marcado por la diversidad, la migración y el esfuerzo cotidiano. San Juan de Lurigancho, el distrito más poblado del país, fue protagonista de una iniciativa que buscó acercar la cultura a la gente, sin barreras ni solemnidades, demostrando que el arte también se construye desde la calle.o un escenario cultural clave del este de Lima.

Desde las once de la mañana, el ambiente comenzó a transformarse. La batucada dio inicio a la jornada y marcó el ritmo de un domingo distinto. El sonido de los tambores atrajo a vecinos de distintas zonas, que llegaron en familia para participar de las actividades organizadas por el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional del Perú y la Municipalidad de San Juan de Lurigancho.

A lo largo del día, la explanada se llenó de actividades culturales pensadas para todas las edades. Niños y niñas participaron en talleres de pintura mural junto a artistas locales, aprendieron palabras en quechua y compartieron libros en un truequetón que promovió el intercambio de historias. Las sesiones de mediación lectora, los cuentos acompañados de música y títeres reforzaron la idea de que la cultura no es un privilegio, sino una experiencia que se construye colectivamente.

Uno de los ejes centrales del festival fue el concurso de danzas, conducido por la animadora Natalia Villarreal. Las presentaciones de danzas andinas y caporales mostraron disciplina, identidad y un fuerte vínculo con la tradición. Más allá de la competencia, el escenario se convirtió en un espacio de memoria viva. El jurado, integrado por Rebeca Raéz, Deycy Huamán y María José Gonzales, evaluó cada número con la responsabilidad de reconocer el trabajo artístico detrás de cada agrupación.

Deycy Huamán, María José Gonzales Y Rebeca Raéz.

Los resultados reflejaron ese esfuerzo. La Fraternidad Artística Brisas Peruanas obtuvo el primer lugar y un premio de 4 mil soles. La Asociación Cultural Caporales Real Sociedad recibió el Premio Especial del Jurado, valorizado en 2 mil soles, mientras que el Centro Cultural Kallpachay Perú fue reconocido con 4 mil soles en la categoría de danzas folclóricas. Los premios económicos fueron otorgados por la Asociación PopulArt y celebrados por el público como logros compartidos.

Uno de los momentos más llamativos del festival fue el versus entre breakdance y danza de tijeras. Dos expresiones distintas, una urbana y otra ancestral, compartieron el mismo escenario en una presentación que despertó el entusiasmo del público. La fusión dejó en claro que la diversidad cultural no divide, sino que dialoga cuando el arte es el lenguaje común.

El circo social también formó parte de la programación. El grupo Luciérnagas sorprendió con malabares y números de magia, aportando un tono lúdico al evento. Más adelante, el bingo navideño repartió bicicletas, canastas y otros premios, reforzando el sentido comunitario de la jornada y el valor del encuentro.

Con la caída de la noche, el espacio se transformó nuevamente. El bibliocine instaló una pantalla gigante y el barrio se convirtió en una sala de cine al aire libre. Vecinos de todas las edades disfrutaron de la función acompañados de canchita y gaseosas, mientras muchos niños vivían por primera vez la experiencia de ver cine en un espacio cultural abierto.

Durante el desarrollo del festival, el ministro de Cultura, Alfredo Luna, se hizo presente y recorrió la explanada sin protocolo, saludando a los asistentes y compartiendo con el público. Su visita fue interpretada como una señal concreta de presencia estatal y de una política cultural que busca descentralizarse y llegar a los territorios.

También participó el jefe de la Biblioteca Nacional del Perú, Juan Yangali, quien reafirmó el compromiso institucional con la promoción de la lectura y el acceso al libro en los distritos más poblados del país, destacando la importancia de sembrar hábitos culturales desde la infancia.

La Municipalidad de San Juan de Lurigancho cumplió un rol clave como anfitriona del evento, garantizando el uso del espacio público y la seguridad junto al serenazgo y la Policía Nacional del Perú, facilitando así el desarrollo de todas las actividades programadas.

El cierre estuvo a cargo de la banda Ushpa, cuyo rock en quechua resonó con fuerza en la explanada. Las guitarras eléctricas y las letras en lengua ancestral conectaron pasado y presente, dejando en claro que la cultura no es estática, sino una expresión viva que se renueva constantemente.

Para muchos de los artistas participantes, el festival significó un punto de quiebre. Varios de ellos se presentaron por primera vez en un escenario de gran magnitud. Detrás del escenario, la emoción se repetía en una frase común: era la primera vez que bailaban en una tarima de ese nivel. Más allá de la infraestructura, el mensaje fue claro: el arte también merece espacios dignos en los distritos históricamente postergados.

Ese día, en La Bombonera, el barrio no solo fue público, sino parte activa del evento. San Juan de Lurigancho demostró que la cultura no necesita permiso para existir, solo espacios donde encontrarse con la gente. Allí, el arte ocupó su lugar natural: en la calle y en el corazón del distrito más poblado del Perú.

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