Un ingeniero civil al mando del Ministerio de Cultura: el primer error simbólico de José Jerí

El presidente José Jerí inicia su gobierno de transición con una polémica decisión: nombrar a Alfredo Luna Briceño, ingeniero civil y exfuncionario del régimen de PPK, como ministro de Cultura. La designación ha sido duramente criticada por reflejar el desconocimiento y la indiferencia del nuevo gobierno hacia el sector cultural.

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El flamante gobierno de transición encabezado por José Jerí Oré ha generado su primera gran controversia. Su decisión de colocar al ingeniero civil Alfredo Luna Briceño como ministro de Cultura ha despertado una ola de críticas en el mundo cultural y político.

Luna Briceño, quien ya ocupó un cargo durante la gestión de Pedro Pablo Kuczynski como viceministro de Cultura, vuelve a escena bajo la sombra de la tecnocracia y el continuismo. Su trayectoria, más ligada a la administración pública y a la ingeniería que a la gestión cultural, ha sido vista como un símbolo del desprecio estatal hacia la cultura peruana.

La medida no solo ha sido calificada de “error político”, sino también de “acto simbólico de ignorancia”, pues muchos consideran que revela la falta de visión de un gobierno que debía priorizar la transparencia y la renovación. “Poner a un ingeniero civil a dirigir Cultura es confundir el cemento con el arte”, ironizó un crítico del sector.

Además, Luna Briceño mantiene vínculos con exfuncionarios investigados, como el exministro Fabricio Valencia Gibaja, lo que refuerza las sospechas de que Jerí estaría reciclando cuadros del pasado en lugar de apostar por una verdadera transición institucional.

Con esta designación, el gobierno de José Jerí parece iniciar su mandato cavando su propia tumba cultural. En lugar de fortalecer un ministerio históricamente debilitado, vuelve a convertirlo en un espacio para favores políticos y tecnocracia sin alma.

Mientras el país espera señales de cambio, el nuevo presidente opta por los mismos nombres y los mismos errores. En tiempos de crisis moral y social, la cultura vuelve a quedar relegada.

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