PCM decreta izado de banderas a media asta: ¿gesto suficiente tras la muerte de un manifestante?
El Consejo de Ministros decretó que todas las entidades públicas del país izaran la bandera nacional a media asta, en señal de duelo por los hechos ocurridos durante las protestas del 15 de octubre, donde un manifestante perdió la vida y más de un centenar resultaron heridos.
La medida, anunciada por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), fue presentada como un acto simbólico de “reflexión y unidad nacional”. En su comunicado, la PCM señaló que la disposición busca expresar el pesar del Estado por la pérdida de vidas humanas y solidarizarse con las familias afectadas.
“El Consejo de Ministros, en sesión permanente, ha acordado esta disposición como muestra de duelo nacional ante los recientes hechos que enlutan al país”, señala el documento oficial.

Pese a las palabras de condolencia, el gesto ha sido recibido con escepticismo. Diversos sectores ciudadanos y analistas consideran que la respuesta del Ejecutivo es insuficiente, en un contexto donde la violencia policial, el descontento social y la inseguridad se han convertido en signos permanentes del país.
El gobierno de José Jerí Oré, aún golpeado por la crisis de legitimidad que dejó la represión de la marcha del 15 de octubre, insiste en su compromiso por “garantizar la paz social y la seguridad ciudadana”. Sin embargo, hasta el momento, no se han anunciado acciones concretas para sancionar los abusos policiales ni medidas eficaces frente al crimen organizado que continúa expandiéndose en distintas regiones del país.
Los símbolos —como el izado de banderas a media asta— cumplen una función moral y comunicativa, pero no sustituyen las políticas públicas ni la rendición de cuentas. En un país donde la impunidad se normaliza y los responsables de la violencia rara vez enfrentan consecuencias, la ciudadanía demanda más que gestos: exige justicia, reformas y resultados.
En tiempos de crisis, los actos simbólicos pueden calmar momentáneamente la indignación, pero no resuelven el problema de fondo. Hoy, el Perú no necesita solo banderas a media asta, sino un Estado que mire de frente su propio fracaso en proteger la vida y la dignidad de sus ciudadanos.
