El regreso del poder invisible: Aguilar Molina y la sombra del lobby energético en el Minem

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La reciente incorporación de Juan Antonio Aguilar Molina como asesor de Alta Dirección en el Ministerio de Energía y Minas (Minem) ha reavivado una vieja sospecha: la de los lobbies que operan desde las sombras del Estado para dirigir la política energética del país a favor de intereses privados. Lo que parece un movimiento técnico, en realidad, revela un retorno cuidadosamente orquestado de los viejos operadores del poder.

En los pasillos del Minem, los silencios suelen hablar más fuerte que los anuncios. Y este nombramiento, lejos de ser un trámite administrativo, encierra una historia de influencias, correos filtrados y puertas giratorias que vuelven a girar hacia el mismo destino: la captura del sector energético peruano.

Aguilar Molina no llega desde el anonimato. Su nombre aparece en los correos internos de la Sociedad Peruana de Energías Renovables (SPR) donde se detallan coordinaciones con congresistas, empresarios y funcionarios para impulsar el proyecto de ley N.º 3662, elaborado a la medida de las empresas agrupadas en dicha sociedad.
En esos mensajes, Aguilar era descrito como un “contacto clave” dentro de la Dirección General de Electricidad (DGE) —puesto que ocupaba en ese entonces— capaz de mover los engranajes de la burocracia para acelerar informes y dictámenes favorables al lobby energético.

Designación de Juan Aguilar como asesor del ministro Luis Enrique Bravo.

El proyecto, promovido por la SPR junto al congresista Roberto Kamiche, y con la empresa china Huawei tras bambalinas, encontró su punto de inflexión dentro del Minem. Aunque la iniciativa pareció quedar en pausa, los operadores nunca se retiraron del tablero. Hoy, con Aguilar Molina instalado a escasos metros del despacho del ministro Luis Enrique Bravo, la estrategia parece haber mutado: el objetivo ya no es impulsar una ley, sino asegurar que su reglamento se redacte al gusto de unos pocos.

Los correos cruzados entre Paloma Sarria —entonces representante de la SPR— y Brendan Oviedo Doyle, expresidente de la asociación, revelan una coordinación milimétrica entre el Congreso y el Ejecutivo. En los intercambios aparecen nombres como los de los congresistas Roberto Kamiche y Jorge Flores Ancachi (vinculado al caso “Los Niños”), Severo Buenalaya de Osinergmin y, nuevamente, Aguilar Molina.

Uno de los mensajes es especialmente revelador:

“Juan Aguilar, contacto DGE, averiguar status de informe enviado a la comisión. DGE emitió opinión favorable”.

Una línea que basta para entender que el lobby no solo operaba en el Congreso, sino que ya había echado raíces dentro del propio Minem.

Correo de la SPR que se encuentra en manos de la fiscalía donde Juan Aguilar es mencionado como contacto.

El 25 de noviembre de 2022, un día después de que Kamiche presentara el proyecto de ley N.º 3662, Brendan Oviedo Doyle ingresó oficialmente al despacho de Aguilar Molina en el Minem. La reunión duró más de una hora. ¿Coincidencia? Difícil creerlo. Todo apunta a que fue el punto de partida de una nueva etapa en la estrategia de influencia.

Con el regreso de Aguilar al círculo de confianza del ministro, el lobby vuelve a tener oficina dentro del Ejecutivo. Varios expertos en política energética advierten que esta designación favorece a un grupo reducido de compañías vinculadas a la SPR. Entre los actores señalados también figura el congresista Ilich López, quien habría retomado sus maniobras dentro del sector con el respaldo del presidente interino José Jerí.

José Jerí e Ilich López, los compadres en Palacio de Gobierno.

El congresista Jorge Morante fue de los pocos que se atrevió a denunciar públicamente las irregularidades, señalando el repentino cambio de posición de Osinergmin a favor del proyecto lobista y solicitando la intervención de la Comisión de Fiscalización. Su advertencia no logró frenar el avance de los intereses privados, pero dejó constancia de que dentro del Congreso hubo resistencia.

La designación de Aguilar Molina, en consecuencia, no es un hecho aislado ni fortuito. Representa la continuidad de una estructura de poder que se recicla dentro del Estado. Las puertas giratorias —donde los mismos nombres alternan entre lo público y lo privado— siguen abiertas de par en par.

Hoy, el lobby energético no ha desaparecido: solo ha aprendido a disfrazarse mejor.

Buscamos la versión oficial del Ministerio de Energía y Minas, pero su Oficina de Imagen Institucional y Comunicaciones evitó dar una respuesta directa, solicitando que todo se gestione por escrito. Hasta el cierre de esta edición, el ministerio guarda silencio.

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